EVENTOS

Nuevas independencias

Por: Felipe Rodríguez Marroquín

Colombia hoy cumple 210 años de independencia, pero no creamos que fue una independencia, eso no se logra en un día, una independencia real no es la conmemoración de un día en específico, una independencia no se acaba, simplemente se renuevan las causas de las cuales debemos independizarnos.

Hace 210 años, la causa de la cual se independizó (o empezó a hacerlo con cierta esperanza de lograrlo verdaderamente) Colombia, fue el yugo de los españoles. Este hecho que empezó con una pelea por un florero -o esa fue la excusa que usaron- y terminó con la firma de un acta de independencia marcó la razón de la celebración de este día en que todos sacamos la bandera y nos ponemos la camiseta, sin embargo fue solo el inicio de un proceso de construcción de una patria a la que constantemente le llegan nuevos yugos que intentan y logran dominarla.

Al poco tiempo empezó en Colombia otra causa de esclavitud: la división política. Después de lograr zafarnos del dominio español, los mismos que firmaron ese acta hace 210 años no lograron ponerse de acuerdo y empezó esa violencia bipartidista que azotó por más de 100 años al país, Gólgotas, Chulavitas, que no daban tregua a su sed de venganza y de poder. Empezó ese periodo en que Colombia cambió de constituciones como de presidente, una más liberal que la anterior, una más conservadora que la anterior, una federalista y la otra unitaria, época en la cual la opción de Gobiernos paritarios no estuvo nunca sobre la mesa, porque todo lo que pensara distinto a nosotros olía feo.

Hasta que llegó 1886, una Constitución de marcado origen conservador, de Gobierno unitario y centralista, olvidada de las regiones y de esa diversidad tan característica de nuestra patria, lo cual recrudeció esa violencia inclemente entre liberales y conservadores, lo cual solo significó una cosa: más enfrentamientos y más muertos.

Esa violencia y división política nos esclavizaba una vez más, ya Colombia era libre del dominio español, ya podía tener un proyecto propio de construcción, pero no fue así, adentro había más divisiones que no permitieron salir adelante como pudimos haberlo hecho, necesitábamos una segunda independencia de nuestras propias divisiones, las cuales abortaban cualquier prospecto de país unificado.

El país se seguía viendo de arriba hacia abajo, olvidándose del ciudadano, del campesino, del artesano, del indígena, del afrodescendiente. Colombia se enfocó en el tinte de la Constitución, en palabras de Hernando Valencia Villa en Cartas de Batalla: Nuestro pecado original fue adoptar ideas, estructuras y normas ajenas e imponerlas en una realidad mestiza e insumisa. Que ha permanecido inestable y conflictiva hasta nuestros días en la medida en que sus condiciones materiales no encajan dentro delas formas imperantes del Estado y del Derecho. Colombia se mantuvo esclavizada por esa división, la cual siguió dejando de último al ciudadano, excepto en el rol de víctimas, pues siempre fueron los primeros en caer por esa sed de venganza y opresión a la visión ajena.

Este dominio de la división política hizo que naciera otra razón para independizarse que causaría gran dolor a nuestro país: el surgimiento de guerrillas. El olvido al pueblo generó que nacieran grupos insurgentes que buscaban representatividad, los cuales luego abandonaron cualquier fundamento ideológico y encontraron en las armas y en la intimidación un millonario negocio del cual harían su sustento de vida, atormentando día y noche a cientos de miles de colombianos víctimas suyas.

Sin habernos independizado de la violencia y división, llega a Colombia otro dominio: el narcotráfico. Este nuevo yugo se encuentra con la violencia ya imperante y se vuelven uña y mugre, trabajando en conjunto, dominaron aún más a este país que se había ‘independizado’ hacía muchos años. Y, aunado a lo anterior, el narcotráfico y la violencia encontraron un país inestable que siempre se había olvidado del ciudadano, por lo cual encontraron un eslabón perfecto para perpetuar su dominio: un pueblo olvidado y sin oportunidades.

Encuentran jóvenes sin oportunidades y les presentan una quimera de éxito, de dinero fácil. Esos jóvenes se ven seducidos por esa posibilidad de comprar una casa para su mamá, de comprarse un carro, de salir adelante, con solo disparar, con ‘coronar un viajecito’, con ser el más intimidante y con menos corazón.

Con este dominio llega un nuevo dominio, un dominio más grave que los anteriores porque no es externo, no son los españoles, no son los gólgotas o los cóndores, viene adentro de los jóvenes, está al acecho de cada niño que nace en Colombia: la mentalidad del dinero fácil. ¡Y aún así, se nos sigue olvidando el pueblo!

Finalmente, no podemos dejar de lado otros yugos que nos siguen azotando en el día a día, que surgieron por los yugos que ya nos dominaban y que cada vez empeoran más y más: la corrupción de nuestras instituciones, la falta de educación y de justicia.

Colombia celebra hoy su independencia, su primera independencia. Pero no podemos creernos el cuento de que ese día todo acabó, ese día todo apenas empezaba, empezaba ese sueño que traemos todos dentro que es un país donde podamos vivir tranquilos, un país próspero, un país más feliz -realmente feliz-, un país en el que todos tengamos el mismo punto de partida para cumplir nuestros sueños.

Hoy saquemos nuestra bandera, ese apoyo lo necesitamos más que nunca, sintámonos orgullosos de ser colombianos y comprometámonos una vez más con ese sueño común, todos los días. Colombia necesita de dos virtudes que todos los colombianos llevamos dentro: la resiliencia y la creatividad, hoy más que nunca, atravesando una pandemia que nos tiene ad portas de la mayor crisis económica, tenemos que ponernos la 10 por Colombia y pensar cómo ayudaremos a salir adelante.

Colombia sigue esclavizada, sigue bajo muchos yugos, los invito a que cada uno de nosotros pensemos en cómo vamos a poner nuestros talentos y nuestros sueños al servicio de esta patria a la que todo le debemos. Porque Colombia podrá ser pobre, desordenada, dividida y chueca, pero es nuestra patria y tenemos el deber de dejarla un poquito mejor que como la encontramos, por ayudarla a liberarse de esos pesados grilletes que lleva en los pies y no la deja caminar.

Por último quiero recomendarles un poema, una canción y una película para que sintamos a nuestro país.

¡Feliz día de la primera independencia de Colombia!

Una canción: Yo me llamo cumbia (Mario Gareña)
Una película: La estrategia del caracol (Sergio Cabrera) Un poema:

Al borde del camino, los dos cuerpos
 uno junto del otro,

desde lejos parecen amarse.

Un hombre y una muchacha, delgadas
 formas cálidas

tendidas en la hierba, devorándose.

Estrechamente enlazando sus cinturas
 aquellos brazos jóvenes,

se piensa:

soñarán entregadas sus dos bocas,


sus silencios, sus manos, sus miradas.

Mas no hay beso, sino el viento
 sino el aire

seco del verano sin movimiento.

Uno junto del otro están caídos,
 muertos,

al borde del camino, los dos cuerpos.

Debieron ser esbeltas sus dos sombras
 de languidez

adorándose en la tarde.

Y debieron ser terribles sus dos rostros frente a las

amenazas y relámpagos.

Son cuerpos que son piedra, que son nada,
 son cuerpos de mentira, mutilados,

de su suerte ignorantes, de su muerte,

y ahora, ya de cerca contemplados,
 ocasión de voraces negras aves.

Llanura de Tuluá (Fernando Charry)

Un «activista» en pañales, tal cual.

Por: Camila Pinto Moncada

“[..] lo que dice Greta no es nuevo. Hoy cobra relevancia en los medios de comunicación porque viene del mundo europeo y cumple con ciertos cánones que son procesables por los medios. Lo que dice Greta es lo que ha dicho también el pueblo mapuche y los pueblos indígenas en Latinoamérica desde hace más de 200 años.”

– Diego Ibañez, diputado chileno

El discurso de Greta Thunberg es repetitivo y manipulado, pero éste ya ha sido criticado, venerado, cuestionado y alabado por diferentes medios, lideres mundiales, mandatarios de dife rentes países y organizaciones a lo largo y ancho de ese planeta que esta jovencita tanto reclama. A veces ignoramos o simplemente desconocemos de manera salvaje los ejemplos nacionales dentro del ejercicio del “activismo juvenil ambiental”, si, tal cual, entre comillas, o no nos tomamos el trabajo de analizar los fenómenos masivos que tenemos en frente y nos dedicamos a celebrar, elogia, ensalzar, engrandecer, magnificar, canonizar y enaltecer los eventos primer mundistas. (¿Quedó clara la idea o necesitamos más verbos derivados del fanatismo para entender?)

Hablemos de nuestro mayor representante a nivel nacional en esta categoría de protesta, y cuando uso la palabra mayor no hago alusión alguna a su edad o tamaño, todo lo contrario: el señorito Francisco Javier Vera Manzanares. Y por favor, entiéndanme bien, cuando hablo de un señorito no lo hago buscando ofender a nadie ni mucho menos, pero señor no es, tiene escasos diez años y ya anda publicando videos en sus redes sociales criticando al capitalismo en lo que el mismo llama como “su etapa depredadora”, ¡Dios mío! Ni yo misma sé clasificar y diferenciar las escuelas económicas, mucho menos sabré que es el capitalismo. Una de dos, o este niño ya terminó el bachillerato exitosamente y está cursando cuarto semestre de economía o no tiene ni la más mínima idea de lo que está hablando. Este personaje no solo critica al capitalismo salvaje, sino que además afirma que este movimiento ha afectado su vida personal, ya que ha tenido que tomar las riendas de lo que el llama “fraides for fuitu” (para los de poco inglés “Fridays For Future”, el movimiento que la ambientalista, filántropa, científica, politóloga, lideresa social, ecóloga y economista Greta Thunberg creó) en Colombia y gracias a esto a podido construir su propio movimiento ambientalista “Guardianes Por La Vida”. Lo que busca el proyecto del que Vera tanto nos habla es llevar niños que apenas están cursando los primeros años de primaria a lugares públicos de alta relevancia social y política, con carteles hechos por ellos mismos donde la mala ortografía nunca falta, para protestar por un futuro mejor. Suena fascinante si logramos acomodarlo y romantizarlo como cada ser blando de este país, pero miremos esto más allá. ¿Qué piden? Un futuro mejor. ¿Cómo piensan lograrlo? Exigiendo que los políticos legislen para la vida. ¿Qué significa “legislar para la vida” para ellos? Lograr la prohibición definitiva del fracking, del testeo animal, de los plásticos de un solo uso y el maltrato animal. Esto último no lo propongo yo, lo dijo el mismo Vera en una Sesión Plenaria del Senado de la República. Hay varias cosas importantes por recalcar: 1) Si, le tengo envidia al hombrecín aquel por poder haber ido a hablar al Congreso antes que yo. 2) El Senado siempre ha parecido un jardín infantil así que ni se molesten en tratar de insultarlo con una afirmación de este tipo porque él sí se presenta a las Sesiones Plenarias y seguro sabe más de lo que dice, que el resto de los senadores sobre sus propios discursos. 3) Este diminuto sujeto no tiene ni la más mínima idea de lo que está hablando, y sí, si se tiene en cuenta el punto anterior podemos notar como estoy criticando a los senadores con éste también, como dirían, dos pájaros de un solo tiro. Perdón, perdón, me disculpo con los animalistas por lo anterior, me gustan los pájaros, lo admito, sobre todo los de la Chispita Roja.

Los niños como Vera están siendo manipulados, ¿así o más claro? Son autómatas que repiten los discursos de políticos fracasados que encontraron cierto amarillismo en los niños activistas y ambientalistas. No solo es Vera, no solo es Thunberg, son todos los niños y jóvenes que llegan a sus casas después del colegio afirmando que quieren ser veganos, porque está de moda, claro, pero se bañan durante media hora con agua hirviendo y posterior a eso, se ponen unos jeans que durante su ciclo de uso gastan más de 11500 litros de agua. Definitivamente necesitamos cambiar, necesitamos velar por un planeta mejor, o por lo menos tratar de mantener éste. Si, yo también soy joven y estoy preocupada por mi futuro y por el de las siguientes generaciones, pero poner a infantes a hablar acerca del ambientalismo con mil mensajes políticos ocultos no es la forma. Hasta al cuidado de nuestro planeta lo estamos polarizando, el ser humano nunca me termina de sorprender. Pero lo confieso, prefiero una juventud de los 2000s donde esté de moda ser vegano, reciclar y levantarse contra el gobierno de formas pacíficas que una juventud como la de los “baby boomers”, nacidos en los 50s y 60s y la cual podemos clasificar como la generación de los precursores del consumo masivo de drogas, donde los excesos jugaron un gran rol. Prefiero que los jóvenes ingieran lechuga a que hagan esta misma acción con marihuana. Pero por favor, tengamos en cuenta las famosas palabras de la misma Thunberg: “Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. […] ¿Cómo se atreven?”, y dejemos de maximizar discursos sin sentido y las palabras vacías de productos prefabricados como Thunberg y Vera y dejemos de robarles esos sueños y esa juventud que tanto reclaman.

No se quiere justicia

Por: Nicolás Gómez Arenas

Acá no hay justicia porque a nadie le interesa por eso, no hay justicia para nadie, porque si la hay para unos, tendría que haber justicia para todos, es por eso, que es mejor que todo fracase. Como lo explicó magistralmente Álvaro Gómez días antes de su muerte, el ‘régimen’ es en esencia, un conjunto de complicidades y un pacto integral de impunidad. 

La ley y las autoridades nunca han hecho su trabajo con la intención de acertar. Entonces, cuando necesitan acertar, no lo logran. Hacer bien las cosas es un compromiso de vida, que se logra con disciplina, práctica y procedimiento. 

Tan escasa es la justicia que, cuando por presión social o mandato legal, nuestro aparato de investigación criminal la aplica, generalmente fracasa vergonzosamente. 

En Colombia, les costó un esfuerzo monumental impartir justicia a una ‘youtuber’ que agarraron en flagrancia. Ahora, sueltan a presuntos terroristas responsables del grave atentado al Centro Comercial Andino en Bogotá por “vencimiento de términos”, y sale el fiscal del caso a decirnos ¡tranquilos! ya presenté un recurso de apelación al juez. ¡Que incompetencia! Tanto del fiscal como del juez que se dejaron ganar de una comitiva de abogados que so pretexto de garantías de sus representados, no brindan defensa sino garantizan impunidad. Parecido al escaso accionar de la JEP, donde confieren absoluciones a criminales de lesa humanidad como si fueran dulces en Halloween.

¡Ah!, pero en contraste, opera de bien el circuito penal de Bogotá cuando se trata de proteger la honra y dignidad del ex-director del DAS de Ernesto Samper, como bien lo puede atestiguar el cuasi arrestado periodista Juan Carlos Pastrana, quien se atrevió valientemente a cuestionar la posible desaparición de material probatorio vital para la investigación del magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado, ahí si opera ágil y en términos la judicatura, no así para castigar a los responsables de la pérdida de vidas de civiles inocentes, asesinados en un atentado, lo que, hoy en día, denomina la JEP con beneplácito un objetivo ‘militar’ (Centro Comercial Andino).

En un país, que ha alcanzado el 97% de impunidad en homicidio, donde muchos de ellos ni si quiera llegan a ser investigados y reina el delito. Colombia, estadísticamente hablando, le garantiza impunidad a aquel que quiera delinquir. Pero esto no es casual. Al revés, es un propósito del ‘régimen’ que denunciaba Álvaro y que lo mató.

Ese mismo ‘régimen’ que impide que se cuestione al señor Bejarano como ex funcionario público, o que logra que Santos sea el único presidente del continente que no ha sido investigado por los sobornos de Odebrecht ¿será el mismo que desmaya y patalea cuando vinculan al gobernador Gaviria?. Aquel régimen, que ha logrado pasar impune el asesinato de un gran demócrata del siglo XX ¿será el mismo que luego congratula a Samper por sus desvaríos en Unasur o en el Grupo de Puebla? ¿Es ese mismo régimen que ha sido la principal talanquera del desarrollo de nuestro país, alimentado por la corrupción, la narcocorupción e incompetencia del Estado?.

¿Se refundirá la justicia para los terroristas del Andino?. Pero debería imponerse a los abogados, jueces y fiscales que permiten la impunidad, con abusos de una lado y omisiones del otro.

Así somos

Por: Abril Victoria González

Tenía que tratarse del fin del mundo para que nos interesáramos. Quien diga que ahora dedica el mismo tiempo a leer noticias que hace tres meses miente. Sea por consumo incidental o no, desde que empezó la cuarentena y se declaró un Estado de Emergencia por el Covid-19, el miedo nos ha llevado a informarnos. 

Es así como llegué al tema de esta columna, leyendo una noticia: “Covid-19: Penas de muerte vía Zoom y otros impactos de la justicia”. El título es cuando menos impactante, la justicia al igual que todos los sistemas que conforman nuestra sociedad se está reinventando, no hay alternativa. El problema reside en que dicha reinvención, se está tardando demasiado y la justicia no espera. 

Las imágenes de las cárceles en El Salvador y Nicaragua han recorrido el mundo. En la gran mayoría de las cárceles latinoamericanas el distanciamiento social es imposible, nos encontramos ante: hacinamiento, insalubridad y degradación humana. En Colombia, Chile y Nicaragua se han trasladado miles de prisioneros a arresto domiciliario y se le ha dado prioridad a personas de la tercera edad y mujeres embarazadas. Mientras tanto, El Salvador, que además es el país con la segunda tasa de presos per cápita más alta del mundo, lleva décadas luchando contra pandillas que atentan contra el orden público. Entonces: ¿que aumente la violencia o que aumenten los casos de Covid-19?

La justicia enfrenta un verdadero reto y el impacto social resultará en impacto político. Ahora bien, los sistemas judiciales han tenido más impactos como lo son las detenciones arbitrarias y la reducción de servicios judiciales. 

En este momento hay individuos que están esperando un juicio que no llegará en un momento cercano, ¿está en su “destino” padecer Covid-19? Parece ilógico, absurdo. El hacinamiento y la falta de acceso condena a los presos a la enfermedad y a la muerte si es el caso. No hay nada más poderoso para restringir la libertad que el Estado y ahora no se restringe únicamente la libertad sino con ella la salud. La justicia también implica que todos puedan tener acceso a la salud. 

El presidente Bukele no ha anunciado una política oficial para la liberación de presos pero el tiempo corre, la “bomba de tiempo” no espera. La pandemia ha puesto a prueba la capacidad del Estado y la rama judicial, que tiene el gran reto de seguir funcionando. Es cierto que en Colombia, el Consejo Superior de la Judicatura adoptó algunas medidas para prestar el servicio de administración de la justicia, pero algunos factores como la resistencia al uso de nuevas tecnologías, la incomprensión de la oralidad, la falta de conexión a internet, entre otros, nos demuestran una vez más que el desempeño no es el mismo y la justicia no está siendo garantizada.

La virtualidad excluye a un montón de personas. Afortunadamente este no fue el caso del general Arias Cabrales, condenado por los hechos durante el operativo del Ejército para retomar el control del Palacio, a quien la JEP le concedió el beneficio de libertad transitoria, condicionada y anticipada. Hay quienes por siempre juzgarán la decisión, yo por mi parte agradezco que haya justicia. Qué contradictorio sería no concederle la libertad mientras en el congreso se sientan verdaderos asesinos impunes. Pero bueno, así somos y la vida es, cuando menos, contradictoria.

Petro y Petrina

Por: Nicolás Gómez A.

¡Que persistencia! Estos dos no se cansan de imponernos sistemas fallidos.

Creería uno que, a estas alturas del siglo XXI, tendríamos un consenso sobre que el socialismo, como sistema económico, no funciona, que las estatizaciones tienden a fracasar y que aumentar las burocracias lo único que incrementan es la corrupción a la vez que ahogan el emprendimiento productivo. Pero no, hace unos días escuche la perorata del senador Petro de la Colombia Humana, donde estableció, que debemos hablar de la economía sin pensar en el mercado y la de la alcaldesa, más preocupante aún, hablando sobre la creación de otra empresa pública de transporte para Bogotá.

Antes de seguir, debo confesar que alguna luz de esperanza tuve al comienzo de la administración de Claudia López. Aunque difiera considerablemente con ella, creo que es una líder con carácter, tenacidad y sobre todo con una admirable capacidad comunicativa. Sin embargo, creo que con la pandemia y a medida que los bogotanos conocemos sus planes para la ciudad, inevitablemente se comienza a parecer a su antecesor, el hoy senador de la república Gustavo Petro. Siguiendo el ejemplo de Petro, prioriza imponer su ideología y su agenda de poder a costa del bienestar de los bogotanos.

Como dicen coloquialmente “a otro perro, con el mismo hueso” o en este caso pareciera,  “a otro ‘Petro’, con el mismo hueso”. ¡He ahí el origen de ‘Petrina’!

¿Se acuerdan del fiasco de las basuras de Gustavo Petro? ¡Si! Ese episodio en donde de manera irresponsable e ilícita se pretendió que el distrito recolectará de la noche a la mañana el 50% de las basuras de la ciudad. Acordémonos que Bogotá duró inundada de basura por varios días y sufrimos un detrimento patrimonial de miles de millones de pesos. Todo por una supuesta gesta (ideológica más no práctica) para castigar a los operadores privados que, según esa administración eran una mafia ‘paramilitar’ (como son todos los empresarios para el H.S Gustavo Petro).

Pero el desastroso problema que tuvo la ciudad con las basuras en manos de Aguas de Bogotá no es el único precedente que nos demuestra el fracaso de la estatización de servicios públicos en nuestro país. Esa misma estatización valga la redundancia, que tanto le encanta a Petro, y que ahora seduce a Petrina.

Lamentablemente, la historia de Bogotá y nuestro país nos da varios ejemplos del emprendimiento estatal, como el fracaso de la Empresa Distrital de Transportes Urbanos (EDTU) más reconocida por el trolebús que fue liquidada en 1995 o el despilfarro en la Empresa Distrital de Servicios Públicos (EDIS) las famosas “escobitas” que también desapareció en 1993. Existen, otros ejemplos a nivel nacional como la empresa de Ferrocarriles Nacionales que fue liquidada en 1991, debido a la mala administración gubernamental, la corrupción y la presión sindical, mismas causas que acabaron también con Colpuertos, donde la incompetencia e ineficacia de esta institución logró en 1987-1988 que puertos como Cartagena y Buenaventura solo operaran al 50% de su capacidad. También esta el caso de Adpostal que nunca pudo ser competitiva ante la evolución del mercado y que se ahogó en su propio régimen especial de pensiones impuesto por los sindicatos.

Con precedentes como los anteriores y con las propias complicaciones y predecibles ineficiencias, escándalos y prebendas sindicales que conlleva la propuesta de la alcaldesa ¿por qué hacerlo?

Todo bogotano sabe que el sistema masivo de transporte no es ideal, personalmente creo que ninguno lo es, pero al menos es funcional y vincula al capital privado en un esquema mixto que reduce el desperdicio y aumenta la eficiencia. Es un sistema que durante varias alcaldías ha sufrido desfinanciación, casi que intencional por otros prohombres de la izquierda colombiana, falta de expansión y de renovación de infraestructura. Pero aún así en la medida de las circunstancias funciona y cumple un nivel relativo de eficiencia. Pero me resulta difícil o mejor dicho imposible creer que la solución es convertir el sistema masivo de transporte en una gigante burocracia.

Bogotá desde antes, y ahora con esta crisis, no puede aguantar otra fallida estatización que, como la de Petro, genere otra década de retraso adicional al ya acumulado que llevamos. No puede ser que la alcaldesa, que pavonea su mentalidad de renovadora, encuentre que la única solución es repetir lo que ya ha fallado en el pasado. ¡Qué ego! Como quien argumenta que “el socialismo” no ha funcionado porque no se ha implementado correctamente, pero tiene a la vez, el cinismo de sugerir que ‘Ella’, como un nuevo Mesías o un profeta de Marx, si lo va lograr y vuelve a repetirse el desastre.

Estatizar el transporte masivo de la ciudad no desplaza la urgente necesidad que tiene el mismo de inversión y mejoramiento. Debemos reorganizar el Sistema Integrado de Transporte, que desde su concepción, durante la alcaldía del hoy recluso ex-alcalde Samuel Moreno (otro prohombre de la izquierda colombiana) y su implementación durante la Bogotá Humana hasta el día de hoy ha demostrado ser un fracaso. Ya que no se logró la interconexión del sistema, ni la reducción de accidentalidad, el mejoramiento de la calidad del servicio o su estabilidad financiera. Eso si, fuimos muy exitosos en el cambio al color azul (provisional) de los vehículos y en dejar en muchos casos intactos esos viejos motores diesel.

Pero bueno, ya para finalizar creo que entre todo este desorden, y dejando a un lado la  nostalgia e impotencia que causa el no haber solucionado este problema, se nos abre una nueva oportunidad para hacer las cosas bien. En vez de gastarnos el billón o más de pesos estatizando el sistema, por qué no lo invertimos en la transición a buses eléctricos, en el aumento de la capacidad e infraestructura, en la reorganización del sistema integrado y ojalá en algo de planificación que a veces tanto nos falta mirando hacia el futuro de nuestra ciudad y, Marx perdone, una vías nuevas por donde puedan circular mejor los buses del sistema.

La sociedad post- pandemia: ¿El fin del globalismo?

Por: Mateo Arana Brando

Si hay algo que sabemos con seguridad del incierto escenario post coronavirus, es que el mundo no va a ser el mismo. En definitiva, la “normalidad” a la que aspiramos volver, va a ser distinta a la normalidad que conocíamos antes del coronavirus. La caída en el consumo y la producción de bienes y servicios a nivel global, que ha provocado la peor recesión económica desde la Gran Depresión, es prueba de que las relaciones económicas se están transformando. En el ámbito político, la crisis ha dejado al descubierto la debilidad de las instituciones internacionales para responder a este tipo de situaciones, por lo que la mayoría de países han optado por cerrar sus fronteras e imponer medidas unilaterales.   

La fragilidad de las organizaciones internacionales quedó expuesta en el cúmulo de errores cometidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En primer lugar, en enero este organismo de la ONU aseguró que no había pruebas de que hubiera una transmisión significativa del virus de persona a persona, desconociendo la naturaleza misma de la enfermedad. En segundo lugar, en distintas oportunidades, la OMS y su Director General, el etíope Tedros Adhanom, aplaudieron “la cooperación china y el liderazgo del presidente Xi Jinping”. Hoy se sabe que el Partido Comunista que gobierna el país asiático, ocultó intencionalmente la gravedad del Covid-19 a toda la comunidad internacional. Parece sorprendente que uno de los principales organismos de las Naciones Unidas rinda elogios a un gobierno que en diciembre del año pasado, investigó e instigó al médico Li Wenliang por alertar sobre la magnitud del virus, al argumentar que el doctor estaba “haciendo comentarios falsos y propagando rumores”. El médico fallecería el 7 de febrero a causa del virus del que tanto alertó.

La OMS es solo un ejemplo de la debilidad y la torpeza con la que han respondido las organizaciones internacionales ante la actual crisis. Sin embargo, desde hace varios años, es evidente que muchos de estos organismos han perdido de vista el objetivo para el que fueron creados, adoptando proyectos y posiciones ideológicas contrarias a su naturaleza.  Es el caso de muchos de los organismos del sistema de Naciones Unidas, que han abrazado el globalismo. Es importante distinguir el globalismo de la globalización. Por un lado, la globalización se refiere al proceso económico, tecnológico y en algunos casos cultural a escala mundial, que ha llevado al aumento de la comunicación e interdependencia entre los diferentes países. La globalización es sobre todo económica, y ha derivado en la división internacional del trabajo. Para que la globalización sea real y efectiva, las transacciones económicas han de realizarse de manera libre, con la menor intervención de los gobiernos que sea posible. Es evidente que la globalización es un proceso natural que se da por el desarrollo en las tecnologías de las comunicaciones y del transporte.  El globalismo, en cambio, se refiere a un proyecto político y homogenizador, que busca encontrar intereses globales y situarlos por encima de los intereses nacionales. En definitiva, el globalismo es la ideologización de la globalización, y representa una amenaza directa a la soberanía de los Estados.

Regímenes autoritarios y dictatoriales también han creado y utilizado distintas organizaciones internacionales a su antojo. Es el caso de Venezuela, que ante las denuncias de la OEA y de otros organismos regionales por la violación de derechos humanos y la carencia de legitimidad del actual gobierno, decidió crear instituciones paralelas que reconocieran su legitimidad y que respondieran a sus intereses políticos e ideológicos en la región.  De esta manera Chávez, y su sucesor Maduro, lograron crear y consolidar organizaciones como ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), y el medio de comunicación multiestatal TeleSur.

En definitiva, si las organizaciones internacionales desean sobrevivir en un mundo post pandemia, deberán reinventarse y volver a sus orígenes. Estos organismos deberán volver a ser garantes y facilitadores de la paz, el diálogo y la cooperación entre los diferentes países, sin vulnerar su soberanía y respetando sus intereses nacionales, siempre que estos sean legítimos. Las organizaciones internacionales deberán también entender la importancia de las tradiciones y costumbres de los distintos pueblos del mundo, y cesar en el intento de homogenización mundial. La crisis ha representado un regreso a lo local: el patriotismo, las fronteras, lo cercano. Desde esta perspectiva, parece que en la sociedad post-Covid 19 se impondrá el nacionalismo y las decisiones unilaterales sobre el multilateralismo.

El narco Estado y su pueblo hambriento

Por: Federico García Gutierrez

Como si se tratara de interpretar un papel ficticio, Nicolás Maduro recrea la estupidez socialista del siglo XXI a la perfección. ​Un pueblo hambriento, una cupula de bolsillos gordos, actuaciones ilegales movidas por el antiyanquismo ciego y el cumplimiento, casi religisoso del Manual del perfecto idiota lainoamericano (de ​Plinio Apuleyo Mendoza​, ​Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa publicado en 1996.​) le ha puesto una nueva cara a esta utopia degoyadora cuyos resultados no han sido mas que el hambre y la muerte.

Cada nuevo párrafo que se escribe en los libros de la actualidad venezolana parece poner un clavo más en su ataúd que poco espacio tiene. Su régimen parece gozar de la hambruna de su pueblo mientras se jactan de los frutos del narcotráfico con mano de obra colombiana. Como una pesadilla sin final, esta dictadura atornillada al poder parece no tener fecha de caducidad y nada es suficiente para derrocarla. ​Tras el desangro de PDVSA, el Cartel de los Soles que habita dentro del Palacio de Miraflores llena los bolsillos de sus secuaces con el auspicio de las FARC-EP enviando cargamentos de cocaína hacia los EE.UU.

También a cuestas de la corrupción en nuestro propio país, que cayó en las mentiras de una falsa paz que prometía la erradicación del grupo ilegal. Promesa vacía que no logró más que un hueco inmenso en el erario público, un nóvel para las revistas, un par de puestos sin electores en el Capitolio Nacional y la oportunidad para conseguir estadía, como en hotel de lujo, en el país vecino a quienes quisieran seguir el negocio de los ilícitos. Estos bandidos operan con holgura, camuflados bajo el Narcoestado de Maduro y siguen manchando el nombre de Colombia bajo una impunidad pactada.

Este estímulo para los detractores del ilegítimo gobierno busca ponerle punto final y que Maduro y sus coacusados salgan como los desvergonzados criminales que son. Así pues, una orden de captura, honrando el deber a la justicia, puede ser la piedra angular para derrocar esta dictadura suramericana que ha cobrado un sinnúmero de vidas de sus ciudadanos y generado crisis sociales a niveles continentales. Por las calles de Venezuela se oyen inclementes llamados de ayuda de quienes quieren elecciones libres, democracia y un respiro para su país. Este llamado retumba por todos los países que han recibido a sus ciudadanos hambrientos rebuscando un mínimo vital y vida digna.

William Barr, el procurador general de los Estados Unidos, acusa de frente y le pone precio a la cabeza de Maduro y 14 de sus funcionarios sin embargo es una acusación que no se extingue en la frontera con nuestro país ya que implica los grupos beligerantes que descaradamente usan nuestra bandera. Jesús Santrich e Iván Márquez, descarados vendedores de humo , mentiras y estupefacientes operan en la ilegalidad con apoyo del nefasto tratado que el pueblo colombiano rechazó directamente en elecciones. Es hora de abrir los ojos, y ver que la corrupción que corroe al país vecino actúa con la misma fuerza en el interior de nuestro territorio y que si no se le pone un límite a esta enfermedad del socialismo, el contagio sería inminente.

«Rata inmunda, animal rastrero»

Por: Nicolás Gómez A.

¡Que buena canción la de Paquita la del Barrio! (Rata de Dos Patas) No he podido encontrar descripción más acorde para definir a los funcionarios públicos que roban y se aprovechan de los colombianos. Pareciera que estos personajes no conocieran la empatía ni siquiera en momentos de miseria. 

Son chulos que merodean en las alturas pendientes de su presa en descomposición para poder alimentarse. Como el ex-gobernador Kiko Gómez cuando desangro a la Guajira, los Moreno en el carrusel de contratación a Bogotá, el famoso Juan Carlos Montes que recibía sus bocados de la administración ‘Humana’ y muchos otros sinvergüenzas que continúan saciando su infinito apetito. Así de oportunistas han sido los funcionarios que se han aprovechado de los colombianos inclusive durante esta terrible crisis. Esta vez creando sobrecostos, entregando contratos y repartiéndose los recursos de los colombianos más necesitados.

La corrupción es un mal que se ha adentrado en lo profundo de nuestra cultura. Lo hemos normalizado y dejado asentar como un hábito en nuestra sociedad, muchas veces con nuestra indiferencia cómplice que exacerba esta problemática y aumenta la impunidad ya casi garantizada por la ineficiencia de la justicia en nuestro país.

Con la crisis, los altos funcionarios han aprovechado que los contratos se pueden adjudicar a dedo. No más falta ver cómo en Medellín una empresa de piñatería es responsable de distribuir tapabocas, guantes y alcohol. Como el gobernador de Arauca justifica que una lata de atún tiene un costo de 19 mil pesos o como las alcaldías de Soledad y Malambo contratan los ‘kit de mercado’ con una fundación que tiene sedes fantasmas (parecidas a las de Petro en Bogotá). 

Es por ello que la canción de Paquita me parece apropiada en su primera estrofa …rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho… Ya que todo individuo que es capaz de aprovecharse de esta manera de sus connacionales no es más que un ser inmundo, rastrero, una escoria y un adefesio. Es triste ver al nivel de anomia que hemos llegado donde ni una pandemia de estas magnitudes logra parar el apetito de los corruptos. 

Por eso necesitamos que los entes de control (Contraloría, Fiscalía y Procuraduría) actúen de forma coordinada y eficaz. Que se utilicen todas las herramientas a la disposición de las autoridades para que estos criminales no logren salir impunes. Adicionalmente, es necesaria la colaboración de toda la ciudadanía,  de los medios de comunicación y los empresarios. Todos debemos denunciar, investigar y actuar ya que esto es un esfuerzo conjunto. El país debe unirse en un frente anti-corrupción que envíe un mensaje claro y contundente a todo funcionario público: ¡con los recursos de los colombianos no se juega! 

Finalmente, este llamado no debe reducirse a este momento de crisis. La corrupción es un cáncer, un enemigo y un factor multiplicador de toda conducta delictiva que sucede en nuestro país. Es por eso que debemos repudiar aquellos que cometen estos delitos y no otorgarles el olvido. Colombia debería analizar los modelos aplicados en Singapur y el Reino Unido donde se logre una legislación que sancione más que ejemplarmente a estos individuos. No es realista pensar que en Colombia se aplique la pena de muerte por este delito. Sin embargo, podríamos eliminar las rebajas de penas, confiscar todas la propiedades del condenado e implementar penas superiores a los 20 años de cárcel. Con la esperanza de que con el tiempo podamos erradicar este mal  de nuestra sociedad.

Entre rabias fugaces y rabias inútiles

Por: Juan Jose Cataño

No si es la maldición del columnista semanal, el vicio del periodista, la mediocridad de algunos analistas o la visión estrecha de algunos grupos de pensamiento. También, por supuesto, se puede tratar de un fenómeno natural propio de un tiempo donde la información fluye con peligrosa inmediatez, dándole apenas tiempo para nacer antes de ser prostituida ante los aburridos y los adictos. Poco importa si nació del teclado de un desocupado o  de un profesional. Eso sí, ojalá sea cortica y masticable. Cualquier estupidez es noticia y cualquier noticia es bandera para algunos movimientos, causas o ideologías. A algunas de ellas habría que diagnosticarles que sus fundamentos tienen la profundidad de una piscina de hotel, de esas en que se desnucan los imprevistos al intentar un clavado.

Si uno piensa de una determinada manera, está en su derecho de opinar con respecto a lo que pasa. Es obvio. Es de esperarse. Lo que es difícil de tragar es que ahora las ideologías anden en el cajón de noticia en noticia. Hemos caído en una vagancia intelectual que redunda en el sobre análisis de hechos sin mayor peso. Le otorgamos relevancia a decisiones burocráticas, detalles insignificantes, guiños imperceptibles, comentarios sin fondo y – más preocupantemente – fake news. Y de repente, rabia incontrolada. Rabia incontrolada por que en el año 2000 fulano de tal tuvo el atrevimiento de tener una opinión que ya no tiene en 2020. Masas iracundas porque en la vigésima quinta entrevista que le hicieron a un ministro – o a quien sea – por radio, este no respondió como queríamos. Indignación nacional porque quien delegamos, para bien o para mal, para que tomara decisiones, tuvo la osadía te hacerlo.

¡Hombre, por dios! No solo las cosas que tienen más revuelo son perfectamente irrelevantes en el plano general de la existencia sino que son el motor de esa búsqueda mediática de chivos expiatorios que tenemos todos los años. Siempre hay algo que nos duele, siempre hay una búsqueda de un culpable, siempre llegamos a nada. «Que la ley!», «Que nos merecemos esto», «Que así somos los Colombianos», «Definitivamente hay gente mala». Incapaces, igualmente, de reconocer cuando alguien lo hace bien. Siempre buscando el pero, los motivos ulteriores, el «yo lo hubiese hecho distinto» tan ciego al hecho de que no lo hubiese hecho en absoluto porque su audacia se acaba cuando se aleja del teclado.

Vaya usted a ver lo que dicen muchos políticos y activistas en su día a día: frases tan recicladas y torpes que perfectamente podrían ser de un influencer, quizá sus community managers lo son. Los pobres pasan los días sedientos del más mínimo detalle para armar un hilo, para desatarse contra algo, para poder reafirmar que son ellos quienes tienen al razón, que sus ideales siguen más firmes que nunca ante esta terrorífica situación: «Firmes contra el coronavirus, llamamos a la unidad nacional». Que papayazo dio el virus, no va a haber quien los calle el resto del año. La sed es dura. Si no llega el problemita solo, hay que aparecerlo. Como por arte de magia, del mismísimo aire surge un nuevo objeto de opinión y en todas las esquinas hay fiesta porque los ideales salen otro día del cajón. La invitación, si es que hay una, es a no perder de vista el plano general de las cosas, a callar más seguido, a echar cabeza antes de tocar el teclado, a sacarle un tiempito a repensar y profundizar lo que uno piensa y aquello que enarbola. Tener las agallas de expresar una opinión no la hace ni buena ni mucho menos digna – o responsable – de publicar. Quien sabe, de pronto esta columna es ejemplo de ello. Al que le quede el guante, que se lo ponga.

Con la cabeza enterrada en la arena

Por: Juan Jose Cataño

«To Bury your Head in the Sand», dice el diccionario de Cambridge, alude a una actitud que asume un individuo al evitar pensar en hechos que son implacenteros, a pesar de su influencia en la situación actual de la persona. En el contexto polarizante de la sociedad colombiana esta frase resuena entre quienes creemos que hay que moderar nuestras posiciones y alejarnos de lo inamovible, ello en nombre de fomentar la discusión y de, eventualmente, reconocer nuestros errores y cambiar de opinión. Precisamente de eso se trata el aprendizaje: de cambiar nuestras opiniones conforme alimentamos el intelecto con hechos, datos, reflexiones y demás. Alejarse de esa actitud, de esa disposición a ceder cuando es evidente que podemos estar parados en el lugar equivocado, es peligroso y va en detrimento de la construcción de una sociedad capaz de aprender de su pasado.

            Preocupa, entonces, que sea entre nosotros los jóvenes que se ve una mayor disposición a recurrir al insulto, a la condescendencia y a la descalificación al momento de encontrar alguien con quien no estamos de acuerdo. Basta con abrir twitter y dejar atrás las pomposas discusiones entre políticos con millones de seguidores para encontrar que detrás de ellos hay manotadas de usuarios, muchos de ellos jóvenes educados en el manejo -irresponsable- de tecnologías de la comunicación, quienes realmente enarbolan ideas con un fervor inapacible que roza con el sectarismo que por tantos años movió -y mueve-la política en Colombia.

            ¿Cómo puede ser que los jóvenes, muchos de ellos privilegiados por la oportunidad de acceder a la educación superior, se muevan entre la indiferencia y la militancia acérrima? Más allá de si las instituciones educativas son responsables de castrar la capacidad para pensar por sí mismos, hay una responsabilidad que debemos atender los jóvenes con quienes nos rodean. No podemos ceder ante este fenómeno generalizado que, además, no distingue ideologías. Milite, piense, defienda pero también escuche y más que nada, piense en si sus ideas son realmente suyas o si fue un dogma que se tragó entero en algún punto de su vida. Atrévase, claro, a pararse en los hombros de gigantes, pero no ha dejarse aplastar bajo las ideas de quienes vivieron en otros tiempos, sometiéndose a sus postulados de forma ciega.

            Estamos demasiado jóvenes para casarnos con una postura, mucho menos con aquellas que tienen aires de radicalismo, de doctrina. En ese sentido, y como lo dije en un principio, conviene alejarse de los extremos, tan frágiles ante el carisma de caudillos y lo poético de ideales anacrónicos. Ambos son ingredientes para la ceguera y la dependencia intelectual. Busquemos, ante todo, pensar de forma independiente con arreglo a fines que compartimos todos como sociedad. Moderemos nuestras posiciones, reconozcamos en el otro un interlocutor válido y hagamos de nosotros unos interlocutores que valgan la pena, recurriendo siempre a la verdad y no a errores retóricos o a la violencia. En suma: saquemos la cabeza de la arena, demos la cara y entendamos que equivocarse solo es el primer paso para aprender un poco.