
Por: Federico García Gutierrez
Como si se tratara de interpretar un papel ficticio, Nicolás Maduro recrea la estupidez socialista del siglo XXI a la perfección. Un pueblo hambriento, una cupula de bolsillos gordos, actuaciones ilegales movidas por el antiyanquismo ciego y el cumplimiento, casi religisoso del Manual del perfecto idiota lainoamericano (de Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa publicado en 1996.) le ha puesto una nueva cara a esta utopia degoyadora cuyos resultados no han sido mas que el hambre y la muerte.
Cada nuevo párrafo que se escribe en los libros de la actualidad venezolana parece poner un clavo más en su ataúd que poco espacio tiene. Su régimen parece gozar de la hambruna de su pueblo mientras se jactan de los frutos del narcotráfico con mano de obra colombiana. Como una pesadilla sin final, esta dictadura atornillada al poder parece no tener fecha de caducidad y nada es suficiente para derrocarla. Tras el desangro de PDVSA, el Cartel de los Soles que habita dentro del Palacio de Miraflores llena los bolsillos de sus secuaces con el auspicio de las FARC-EP enviando cargamentos de cocaína hacia los EE.UU.
También a cuestas de la corrupción en nuestro propio país, que cayó en las mentiras de una falsa paz que prometía la erradicación del grupo ilegal. Promesa vacía que no logró más que un hueco inmenso en el erario público, un nóvel para las revistas, un par de puestos sin electores en el Capitolio Nacional y la oportunidad para conseguir estadía, como en hotel de lujo, en el país vecino a quienes quisieran seguir el negocio de los ilícitos. Estos bandidos operan con holgura, camuflados bajo el Narcoestado de Maduro y siguen manchando el nombre de Colombia bajo una impunidad pactada.
Este estímulo para los detractores del ilegítimo gobierno busca ponerle punto final y que Maduro y sus coacusados salgan como los desvergonzados criminales que son. Así pues, una orden de captura, honrando el deber a la justicia, puede ser la piedra angular para derrocar esta dictadura suramericana que ha cobrado un sinnúmero de vidas de sus ciudadanos y generado crisis sociales a niveles continentales. Por las calles de Venezuela se oyen inclementes llamados de ayuda de quienes quieren elecciones libres, democracia y un respiro para su país. Este llamado retumba por todos los países que han recibido a sus ciudadanos hambrientos rebuscando un mínimo vital y vida digna.
William Barr, el procurador general de los Estados Unidos, acusa de frente y le pone precio a la cabeza de Maduro y 14 de sus funcionarios sin embargo es una acusación que no se extingue en la frontera con nuestro país ya que implica los grupos beligerantes que descaradamente usan nuestra bandera. Jesús Santrich e Iván Márquez, descarados vendedores de humo , mentiras y estupefacientes operan en la ilegalidad con apoyo del nefasto tratado que el pueblo colombiano rechazó directamente en elecciones. Es hora de abrir los ojos, y ver que la corrupción que corroe al país vecino actúa con la misma fuerza en el interior de nuestro territorio y que si no se le pone un límite a esta enfermedad del socialismo, el contagio sería inminente.
