
Por: Nicolás Gómez A.
¡Que buena canción la de Paquita la del Barrio! (Rata de Dos Patas) No he podido encontrar descripción más acorde para definir a los funcionarios públicos que roban y se aprovechan de los colombianos. Pareciera que estos personajes no conocieran la empatía ni siquiera en momentos de miseria.
Son chulos que merodean en las alturas pendientes de su presa en descomposición para poder alimentarse. Como el ex-gobernador Kiko Gómez cuando desangro a la Guajira, los Moreno en el carrusel de contratación a Bogotá, el famoso Juan Carlos Montes que recibía sus bocados de la administración ‘Humana’ y muchos otros sinvergüenzas que continúan saciando su infinito apetito. Así de oportunistas han sido los funcionarios que se han aprovechado de los colombianos inclusive durante esta terrible crisis. Esta vez creando sobrecostos, entregando contratos y repartiéndose los recursos de los colombianos más necesitados.
La corrupción es un mal que se ha adentrado en lo profundo de nuestra cultura. Lo hemos normalizado y dejado asentar como un hábito en nuestra sociedad, muchas veces con nuestra indiferencia cómplice que exacerba esta problemática y aumenta la impunidad ya casi garantizada por la ineficiencia de la justicia en nuestro país.
Con la crisis, los altos funcionarios han aprovechado que los contratos se pueden adjudicar a dedo. No más falta ver cómo en Medellín una empresa de piñatería es responsable de distribuir tapabocas, guantes y alcohol. Como el gobernador de Arauca justifica que una lata de atún tiene un costo de 19 mil pesos o como las alcaldías de Soledad y Malambo contratan los ‘kit de mercado’ con una fundación que tiene sedes fantasmas (parecidas a las de Petro en Bogotá).
Es por ello que la canción de Paquita me parece apropiada en su primera estrofa …rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho… Ya que todo individuo que es capaz de aprovecharse de esta manera de sus connacionales no es más que un ser inmundo, rastrero, una escoria y un adefesio. Es triste ver al nivel de anomia que hemos llegado donde ni una pandemia de estas magnitudes logra parar el apetito de los corruptos.
Por eso necesitamos que los entes de control (Contraloría, Fiscalía y Procuraduría) actúen de forma coordinada y eficaz. Que se utilicen todas las herramientas a la disposición de las autoridades para que estos criminales no logren salir impunes. Adicionalmente, es necesaria la colaboración de toda la ciudadanía, de los medios de comunicación y los empresarios. Todos debemos denunciar, investigar y actuar ya que esto es un esfuerzo conjunto. El país debe unirse en un frente anti-corrupción que envíe un mensaje claro y contundente a todo funcionario público: ¡con los recursos de los colombianos no se juega!
Finalmente, este llamado no debe reducirse a este momento de crisis. La corrupción es un cáncer, un enemigo y un factor multiplicador de toda conducta delictiva que sucede en nuestro país. Es por eso que debemos repudiar aquellos que cometen estos delitos y no otorgarles el olvido. Colombia debería analizar los modelos aplicados en Singapur y el Reino Unido donde se logre una legislación que sancione más que ejemplarmente a estos individuos. No es realista pensar que en Colombia se aplique la pena de muerte por este delito. Sin embargo, podríamos eliminar las rebajas de penas, confiscar todas la propiedades del condenado e implementar penas superiores a los 20 años de cárcel. Con la esperanza de que con el tiempo podamos erradicar este mal de nuestra sociedad.

