
Autor: Mateo Luna N.
Percibimos el tiempo de una forma lineal y progresiva. Sin embargo tanto la física cuántica, como algunos grupos indígenas nos dicen lo contrario. El tiempo no es ni lineal ni progresivo, es más parecido a una espiral, donde se puede transitar libremente entre pasado, presente y futuro, un poco simplificado. Este parece ser el caso de Colombia y sus guerrillas. Podría ser cualquier momento de nuestra historia, como la paz alcanzada en 1954, que finalizó la primera etapa de la Violencia. O la década de 1960, cuando las guerrillas liberales se desmovilizaron definitivamente mientras que las guerrillas comunistas surgieron de forma definitiva.
En esos cortos periodos de paz los reclamos de los guerrilleros desmovilizados eran los mismo que aquejan a los miembros de las FARC hoy en día: “el gobierno no cumple”, “no hay seguridad para los desmovilizados,” “las condiciones de vida son precarias.” Y así nuevos brotes de violencia aparecían y aparecen. Esto debía cambiar con el proceso de paz que se negoció en la Habana, al menos eso nos dice el nombre: “ACUERDO FINAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA”. Así nos lo vendieron a los colombianos, como el mejor texto de un proceso de paz hecho hasta ahora en el mundo ¡¡¡Y si que lo es!!!
Los puntos acordados abordan de forma integral y completa las raíces del conflicto colombiano. Sin embargo, Santos nos lo vendió como algo fácil, rápido, barato, y sobre todo pacifico. Posiblemente por lo controversial que es, pues plantea cambiar la forma de vida de una nación arraigada desde la colonia, si, esos mismos, la reforma es a lo rural y a la participación política, la esencia de nuestra idiosincrasia. Sin embargo, ningún proceso de paz en el mundo es fácil, rápido, barato ni necesariamente pacífico, ni siquiera los que son considerados como los mas exitosos. Y a pesar de haberlo promovido como la panacea, cuando la gente se pronunció en rechazo del acuerdo lo pasó por el congreso sin más. Entonces me pregunto ¿Sirvió de algo haber engañado a los colombianos con falsas promesas de felicidad, paz y prosperidad instantáneas? Tal vez el golpe no hubiera sido tan duro si hubiésemos sabido la verdad desde el comienzo.
Sin embargo, el mayor problema de un proceso de paz es la falta de compromiso y voluntad política. El rechazo hacia el acuerdo, que se vio reflejado en el plebiscito, y en la elección del presidente. Quien aunque ha mantenido su compromiso con el acuerdo de una forma moderada, pertenece a un partido completamente escéptico que ha minado el camino hacia la paz. Los fondos de cooperación internacional para ejecutar los proyectos de construcción de paz están congelados, a eso se le suma la poca voluntad política, y un ministro de defensa que entiende más de negocios que de seguridad integral. Adicionalmente, esta semana recibimos un verdadero baldado de agua fría tras el anuncio hecho por Iván Márquez de retomar la lucha armada, donde aparece con Santrich, Romaña y el Paisa. Lo impresionante de esto es la capacidad que tienen ahora las disidencias de reorganizarse y unirse. Así, todo parece que el conflicto se va a reactivar. La paz pende de un hilo. Sin embargo, es nuestra obligación como colombianos para con las futuras generaciones y con nosotros mismos cortar esta espiral maldita. La cultura de paz empieza por cada uno de nosotros, así los de arriba nos fallen.
