Marxismo, una religión sin Dios ni ley.

Autor: Nicolas Gomez Arenas

            Oswald Spengler, se refería al marxismo como “una compleja teología sin dios, una enmarañada doctrina llena de dogmas, de santos, de revisiones, de trampas y herejías” Similar a lo que la extrema izquierda ha intentado por décadas imponer en Colombia y a lo largo del mundo, a medida que nos alejamos de los tiempos de gloria de esta corriente de pensamiento. Como lo fue la revolución rusa y la guerra fría nos encontramos con nuevas representaciones y evoluciones de estas narrativas, qué exitosamente, hay que reconocer, han logrado reclutar y atraer especialmente a las juventudes, promoviéndoles una imagen de la realidad histórica, y actual bastante distorsionada, en la que pintan la moral y los principios como cosas del pasado, y peor aún, la imposición de la creencia de origen conspirativo del supuesto ‘establecimiento capitalista´ como el culpable de todos nuestros problemas. Esta narrativa ha sido basada en la creencia de una realidad utópica la cual se ha intentado poner en práctica en diferentes ocasiones (Cuba, Venezuela, la Unión Soviética) y siempre termina con un resultado similar: las élites enriquecidas y las masas, más que empobrecidas.

Como decía el teorista marxista Georgi Plenájov en 1903 “la revolución lo justifica todo, incluso el infierno” lo cual puede implicar que, es preferible destruir lo establecido que construir sobre lo construido, esta tendencia identifica a gran parte de la clase política en Colombia, donde el político mas significativo es aquel que logra bloquear más a su oposición política, creando así una gran inoperancia y una ineptitud de nuestras instituciones que afecta principalmente al colombiano de a pie. 

En mi humilde opinión, la causal directa de este estilo de hacer política en nuestro país se crea gracias al caudillismo, que aparenta ser interminable en la política colombiana; sumado a una grave falta de identidad nacional, que el país sufre desde hace varios años atrás.  

En Colombia podemos observar varios fenómenos políticos y sociales que muestran la degradación de la institucionalidad en el país por ejemplo, la inoperatividad de la justicia en todos sus niveles, la corrupción, la polarización política y en especial la disposición a la impunidad. Estos factores simultáneamente comienzan a crear el escenario para que no solo un individuo sino un movimiento extremista disfrazado de progresista, suba al poder. Cabe decir que, muchos que pertenecen a partidos de derecha son realmente izquierdistas disfrazados que como bien dice el título de esta columna, no tienen ni dios, ni ley, por ello, hay que resaltar que la política de doctrina basada en una ideología es una especie en rápida extinción.

Pero ¿de qué sirve quejarse o denunciar esta situación si no se toma acción al respecto? ¿Qué debemos hacer como ciudadanos que abogamos por la democracia y el estado de derecho? ¿Cómo contrarrestamos el éxito de la extrema izquierda en Colombia? ¿Cómo salvamos a nuestra nación de este abismo? Yo creo firmemente que la respuesta a estas preguntas recae en la juventud de nuestro país y en la educación. Los jóvenes de hoy no están en contra de las ideas conservadoras, liberales o de neo-liberalismo económico, el  problema radica en que han sido expuestos a estas ideas de una manera incorrecta e idónea  y en ocasiones han sido sometidos a una imposición ideológica de tendencia marxista, la cual plasma todo lo que los liberales clásicos, conservadores o de centro tienen como objetivo último es el sometimiento del pueblo.

En manera de conclusión de esta compleja y constante discusión quiero dejar a los lectores con una reflexión sobre las preguntas planteadas anteriormente puesto que, la única manera para que Colombia avance es si logramos resurgir el verdadero debate, atacar la polarización y revivir nuestra identidad como nación.

Jóvenes, ¿drogadictos o simplemente desocupados?

Felipe Rodríguez Marroquín

En las últimas semanas, ha habido en el país mucha controversia alrededor del comunicado de la Corte Constitucional sobre la declaración de inexequibilidad de los apartados C.2 del artículo 33 y el numeral 7 del 140 del Código de Policía, los cuales prohibían el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas en el espacio público porque afectaban la tranquilidad y por ser comportamientos contrarios al cuidado e integridad del espacio público.

La Corte decidió declarar dichos apartados demandados contrarios a la Constitución porque considera que imponen restricciones significativas a la libertad de las personas, en concreto a su derecho al libre desarrollo de la personalidad (Art 16 de la Constitución).

El artículo 16 de la Constitución Política establece que “Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico”. En concuerdo con lo establecido por este artículo, creo que todos debemos tener derecho a desarrollarnos libremente, sin limitaciones distintas a la ley y a los derechos ajenos, con el fin de alcanzar nuestra felicidad total. Sin embargo, pienso que en Colombia ese derecho se ha vuelto un arma de doble filo, la cual se nos puede estar saliendo de las manos.

Considero que fumar marihuana o consumir cocaína de manera libre en la calle no es una forma idónea de desarrollar libremente nuestra personalidad, es al contrario, una forma de afectarla directamente. Tomando como punto de partida que en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM), documento creado por la Asociación Americana de Psicología (APA), donde se clasifican los trastornos mentales, están incluidos los trastornos neurocognitivos derivados por el uso de sustancias. Por lo tanto, debemos empezar entendiendo que, científicamente hablando, el uso de sustancias psicoactivas genera enfermedades y trastornos.

En palabras de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito en su informe sobre drogas del 2018, “Unos 31 millones de personas que consumen drogas padecen trastornos derivados de ello, lo que significa que ese consumo es perjudicial hasta el punto que podrían necesitar tratamiento”. Así mismo, en 2015 hubo más de 167 mil muertes directamente relacionadas con los trastornos por consumo de drogas. Sin embargo, el objetivo de este escrito va más allá de la decisión de la Corte, quiero reflexionar por qué los colombianos nos empezamos a escudar en el consumo de drogas.

¿No hay mejores formas en que, los jóvenes principalmente, podemos construir y desarrollar nuestra personalidad? El problema está en que Colombia es un país donde sectores como la cultura, el deporte y el arte han sido históricamente rezagados, dejados de lado. Estamos convencidos de que la ingeniería, la medicina, el derecho y las carreras administrativas son ‘las que dan plata’ y por eso debemos enfocarnos en esas. Cuantos jóvenes han soñado con ser artistas, deportistas, diseñadores, escritores y han visto sus sueños frustrados por un papá que no los deja estudiar aquello que los apasiona con el pretexto de que eso no los mantendrá económicamente y que su futuro está destinado al fracaso. En efecto, cuántos hemos escuchado el chiste de que quien estudia diseño gráfico termina trabajando en McDonalds (chiste doblemente ofensivo, con los diseñadores gráficos y con los trabajadores de McDonalds).

En Colombia, en el presupuesto nacional, Cultura, Deporte y Recreación (Así juntos), ha sido el rubro con menor asignación presupuestal desde el 20001. Los jóvenes no tienen donde pasar sus ratos libres, no tienen opciones para empezar a practicar un deporte, tocar un instrumento musical o desarrollar alguna aptitud artística. El país no dispone de un sistema que los invite e incentive a utilizar la cultura, el arte y el deporte como herramientas para desarrollarse de manera íntegra. Así pues los jóvenes no tienen espacios para conocerse, reconocer sus habilidades, destrezas y fortalezas, o bien un espacio cuyo único fin sea desfogar su energía, en un ambiente sano y seguro. Es debido a este tipo de fallas, que nuestros jóvenes se encuentran expuestos a los peligros de las calles, convencidos de que están desarrollando su personalidad alimentando falsos intereses, mediante el consumo de sustancias que lo único que les ayudará a desarrollar serán trastornos mentales.

Hay países que están ganando la guerra contra la drogadicción juvenil, aprendamos del caso de Islandia. Hace no más de 20 años el gobierno de este país realizó un censo cuya diligencia era anónima, a los jóvenes como medida de acción para afrontar la crisis de drogadicción que estaba atacando esa población. Como resultado de este censo, se obtuvo que aquellos jóvenes que pasaban más tiempo con su familia y que participaban en actividades deportivas, eran los que menos habían consumido. Consecuentemente, Islandia estableció políticas de estilo de vida saludables, dirigidas principalmente a involucrar a cada joven en una actividad extracurricular de deporte, música, danza o arte y fomentar fuertes lazos familiares.

Anteriormente, la tasa de borracheras, consumo diario de tabaco y de marihuana en 1998 eran del 45%, 23% y 17%, con estas medidas, en 2016 estas tasas fueron del 5%, 3% y 7%, respectivamente. En palabras del psicólogo estadounidense y diseñador de la política aplicada en Islandia, este método “se diseñó a partir de la idea de ofrecer a los chicos cosas mejores que hacer”2.

No nos rasguemos las vestiduras reclamando cómo la Corte permite que se fume marihuana y se consuma cocaína en los parques. Nuestros jóvenes no quieren consumir drogas, nuestros jóvenes están desocupados. Nuestros niños salen del colegio y se quedan 5 horas haciendo nada, expuestos a muchos peligros, a merced del violador, del jíbaro, del pandillero. Démosle a nuestros hijos las herramientas para forjar disciplina, hábitos saludables, amor por una actividad y un propósito de vida. Démosle a nuestros jóvenes alternativas, porque actualmente no las tienen y los traficantes se dieron cuenta, por eso están regalando dosis en los colegios. Un niño que ama jugar fútbol, tocar guitarra, cantar o pintar no tiene tiempo que perder fumando marihuana. No dejemos que nos roben a nuestros niños, ocupémoslos, pongámoslos a correr, a tocar guitarra, a cantar. Que nuestros niños cojan un pincel en vez de un porro.

Permitir a los jóvenes consumir drogas o alcohol en el espacio público no los ayudará a desarrollar su personalidad. Ante tal permisividad, debemos brindarles alternativas que sí contribuyan a ese desarrollo. Colombia es un país lleno de talento y de gran potencial, no dejemos que se pierda en manos de las drogas. Frente a la decisión de la Corte, tomemos una posición activa frente al asunto, está en nuestras manos demandar al Estado mayor interés en el deporte y, lo que es más importante, que los jóvenes pasen más tiempo de calidad con sus familias, que se sientan amados y valorados por alguien. Este amor, más que cualquier otra cosa, los mantendrá alejados de las drogas.
1 http://www.minhacienda.gov.co/HomeMinhacienda/faces/oracle/webcenter/portalapp/pages/presupuestogeneraldelanacion/cifrasHistoricas.jspx_afrLoop=3339719319301750&_afrWindowMode=0&_afrWindowId=73i7cuwcu_1#!%40%40%3F_afrWindowId%3D73i7cuwcu_1%26_afrLoop%3D3339719319301750%26_afr WindowMode%3D0%26_adf.ctrl-state%3D16a3mbaw45_4 (Ver detalle gasto social. 2.8).

2 https://elpais.com/elpais/2017/10/02/ciencia/1506960239_668613.html